Silla, ¿si o no?

Silla, ¿si o no?

Hace unos días, una familia me pidió si podía asesorarles sobre que silla le convendría más a L., ha ido creciendo y los traslados en brazos se hacen cada vez más costosos. Mientras buscaba información me fueron surgiendo una serie de preguntas que he ido reflexionando e intentando dar respuesta. Casi todas estas preguntas han ido relacionadas con el dilema de si silla SI o silla NO, sobre la creencia errónea de que una silla va a detener o incluso empeorar el desarrollo motor de nuestros niños y les va a convertir en unos niños más “perezosos” o “vagos”. Hoy, con este post voy a tratar de responderlas.

Cuando pensamos en rehabilitación quizá nuestros pensamientos van dirigidos a mejorar, fortalecer, conseguir, aumentar… esta sería la clásica concepción clínica, muy necesaria e indispensable pero dándole una vuelta, vamos a centrarnos en la parte habilitadora de la rehabilitación. ¿Qué significa esto? Pues la búsqueda de participación, y en muchos de nuestros niños, va a ser a través de una silla de ruedas como vamos a obtener esa participación activa.

La movilidad es inherente al ser humano, todos necesitamos movernos en nuestro entorno. El desarrollo global de la persona va aparejado a la autonomía y conocimiento el entorno, o sea, que si obtenemos una vía de desplazamiento eficaz e independiente, vamos a favorecer el APRENDIZAJE. En el caso de niños con lesión cerebral, esa independencia la vamos a encontrar a través de los productos de apoyo (bastones, andadores y sillas de ruedas). Además es un elemento que mejorará su autoestima, ya que el niño será capaz de superarse ante hitos tan sencillos y a la vez tan complejos como el desplazamiento autónomo y autodirigido. Por otra parte se trata de un elemento integrador que facilita la igualdad de acceso a la elección y toma de decisiones, la participación en el ámbito educativo, el ocio y la vida familiar.

Por otro lado, si pensamos en la función para el cuidador, es importante encontrar el equilibrio entre las necesidades del niño y la facilidad de manejo para el cuidador. Un objetivo primordial será el garantizar unas transferencias más sencillas y sin daño, eligiendo la silla mas adecuada.

Por tanto, creo que debemos animar a las familias a que el cambio a una silla de ruedas, o la adquisición de una silla no cierra puertas a nuestros niños sino que las abre, aumentando sus oportunidades en todas sus áreas de desarrollo (física, sensorial, cognitiva, emocional, social…).

 

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